Hay gente que siente mariposas en el estómago
cuando saben que están enamorados.
Gente cuyas córneas convierten la luz al rosa,
otras que, cual querubín, pueden flotar.
Yo, en cambio, después de un desatinado comentario,
siento cómo mi corazón cae, cuerpo libre,
se hunde en mi estómago y remueve mis entrañas.
Las uñas prensando la piel,
la distorsión del espacio por el vértigo.
Creo que estoy quedando fatalmente enamorado.
Creo que me enfermé de algo que solo puede ser terminal.