Aún te recuerdo.
Todavía no se borra de mis manos tu tacto divino,
y de mi pensamiento no se escapa.
Dos que tres veces que decirte
algo audaz, zagas que te haga responderme de vuelta,
que me haga encontrarme de nuevo desnudo en tu cama,
con el olor a copal, con las colchas destendidas,
tomándote fotos con mi cámara digital.
Ir al mercado a comer una torta de pastor,
quedarme con tu cargador que tan arduamente buscamos,
y una chamarra tuya que lleva meses en el perchero.