Ensayo — 22 Agosto 2021

Hace tiempo que quería hacer uso de las ideas que bailan en mi mente.
Primero que nada, puede que una publicación larga en mi Facebook pueda hacer pensar a gente que algo no está bien conmigo.
Pero todo lo contrario: creo que este tiempo de reflexión, aislamiento y pandemia lo único que logró fue que empiece a preocuparme más por lo que pienso y por aquello que me aterra: la opinión de las personas que estimo como cercanas.

Me doy cuenta, quizá muy tarde, de que me aterra la opinión pública y el ser juzgado.
Sorprendente, ¿no es así?
Yo, quien se jacta de decir las cosas sin filtro, hoy admite que teme a algo.
La más bella contradicción.
Todo por este verdadero miedo: asegurar que uno vivió una buena vida.

¿Cómo se obtiene una buena vida? ¿Siendo honesto, justo, virtuoso?
¿Qué es una buena vida sino aquella que se hace viviendo en paz con la gente que amas?

¿Puedo admitir que soy justo, virtuoso y honesto? No.
¿Pero puedo admitir que trato cada día de pensar mejor las cosas que hago y que digo? Sí.

A la primera persona a la que mentí fue a mí mismo.
¿Por qué admitiría alguien que es mentiroso o deshonesto?
Muy simple: porque creo que no soy el único.

No digo que esté mal mentirnos de vez en cuando.
En ocasiones, la vida ya es suficientemente difícil como para que, al menos, nuestras mentiras —aquellos cuentos e ilusiones que nos contamos a diario— logren que nos levantemos un día más de la cama.
Que luchemos por aguantar los turnos de trabajo o las clases en modo híbrido o completamente en línea.
Que aguantemos estar encerrados.
Que aguantemos perder de vista a los amigos.
Que aguantemos el cambio de ciudad o la pérdida de un ser querido.

Estas mentiras que nos contamos a diario —de que tenemos una buena vida, de que existen vidas peores, de que podríamos estar peor y no hacemos nada por pensar en dónde estamos— son nuestro pequeño refugio.
Pensamos que nuestro consuelo es que mañana saldrá el sol y, pase lo que pase, saldrá el sol.

Somos huérfanos de la vida.

Columna de Carlos Wolf